10 de agosto
Madrugamos y, tras desayunar, como siempre, iniciamos
nuestra última etapa en bici de este viaje.Por primera vez hizo algo de fresquito. Recuerdo que
me tuve que meter entre unos árboles para ponerme una camiseta debajo del
maillot de ciclista.
| Monumento a Los Nibelungos en Tulln |
Avanzamos tranquilamente durante un tramo y paramos a
tomar café en una cafetería con una amplia terraza.
Seguimos y a media mañana ya estábamos en
Klosterneuburg, donde teníamos que devolver las bicicletas, es decir, que
podríamos haber acabado de pedalear allí mismo y tomar un tren para Viena, pero
habíamos decidido entrar en bici en la capital, así que ese no iba a ser el final
de nuestro viaje ciclista (la verdad es que la ilusión que yo me había hecho de entrar
tranquilamente en bici en la Plaza de la San Esteban, en Viena, se vio algo
fastidiada, pero eso lo cuento enseguida).
| Llegando a Korneuburg |
Esta población la visitaríamos al día siguiente, pero,
de momento apenas la rodeamos, porque hoy nuestro objetivo era otro: visitar
Korneuburg.
Tuvimos algún problema para encontrarla, porque, a
pesar de que según nuestra guía estaba allí mismo, no había forma de saber cómo
llegar. Paramos un buen rato al lado de un cartel informativo que señalaba la
ciudad justo enfrente, pero era muy confuso la hora de cómo cruzar el río para
verla. A punto estuvimos de seguir adelante por el carril bici
en dirección Viena, que era lo que parecían indicar las señales del cartel,
hasta que, preguntamos a una chica súper amable que casi nos acompaña.
El caso es que debíamos retroceder unos pasos nada
más, cruzar en dirección al rio y atravesar una urbanización que teníamos a la
espalda. Una vez superada esta y tras un buen trecho de carretera llegábamos al
río y allí sólo tuvimos que esperar la barcaza que nos cruzó. Y ya estábamos en Korneuburg.
Nos hacía ilusión visitar esta ciudad porque habíamos
leído que la leyenda del Flautista de Hamelin era reivindicada como propia por
los habitantes de esta ciudad, así que esperábamos ver algún tipo de atracción
turística alrededor del tema.
Llegamos con nuestras bicis hasta una plaza muy bonita
en la que había una escultura precisamente con una imagen del flautista. La
plaza era alegre y con varias cafeterías, así que decidimos sentarnos un rato a
tomar unos cafés y unos pastelillos que tenían un aspecto muy apetitoso.Aquel entorno era realmente agradable, pero lo cierto
es que la ciudad no tenía más.
Dimos vueltas por los alrededores, pero ya no
encontramos nada más que ver. Ni la menor referencia al Flautista del cuento
que parece ser tanto reivindican aquí, ni siquiera una postal pudimos comprar,
nada.
Parece ser que la única referencia al cuento es la
figura de la plaza (que para nuestro fastidio a la hora de verla bien, estaba
rodeada por un mercadillo bastante cutre ese día).
| Ayuntamiento de Korneuburg |
Tras comprobar que lo único interesante turísticamente
de la ciudad era esa plaza, montamos en nuestras bicis y emprendimos camino a
Viena por esta misma orilla.Al poquísimo de salir de Korneuburg ya se empezaba a
ver la Capital a lo lejos.
Cruzamos un enorme puente y nos adentramos en la Isla
del Danubio, una enorme extensión que atravesamos hasta llegar a la zona
urbana.Íbamos tan contentos, con la ilusión de entrar
triunfalmente en Viena con nuestras bicis. Claro que en la Viena que
recordábamos de la Semana Santa del año 2006. Una Viena agradable para pasear,
con poca gente y no con la Viena que nos encontramos.
Pero volviendo a la llegada a la zona urbana de la
Capital, decir que nos iba guiando el gps y fuimos entrando en la ciudad sin
problemas a través de carriles bicis paralelos al río. Hasta que, de pronto,
nuestro genial gps decidió apagarse sin ningún motivo y nos dejó en algún lugar
de Viena…
Menos mal que ya estábamos casi en el centro
histórico, pero aún así nos costó preguntar y preguntar hasta que llegamos a
una zona que empezó a sonarnos de la otra visita que habíamos hecho años antes,
las cercanías del Ayuntamiento.
| En algún lugar de Viena... |
| En algún lugar de Viena.. |
Tuvimos que bajarnos y empujar la bici por toda la
zona peatonal, absolutamente congestionada de turistas. Apenas pudimos hacernos
una foto frente a la Catedral como testimonio de que habíamos cumplido nuestro
objetivo que era llegar desde Passau hasta el mismo corazón de Viena.
Nos dio mucha rabia. Era nuestra plaza del Obradoiro
particular en este viaje, pero apenas pudimos celebrar la llegado porque
molestábamos con las bicis por todos lados y nos molestaban a nosotros los
demás y apenas podíamos movernos por miedo a golpear a alguien sin querer con
las bicicletas.
| Había tanta gente en el centro de Viena que era imposible avanzar con las bicis. Para hacer esta foto sin nadie delante estuvimos un siglo. |
En este era medio día y decidimos comer antes de
buscar el hotel que no estaba al lado precisamente, así que, en vista de lo
lleno que estaba todo, nos dimos por contentos encontrando sitio en un Nordsee de la Kohlmark, una calle que desemboca en el Palacio de Hofburg. Ya conocíamos estos restaurantes de nuestras anteriores visitas a Austria. Allí pudimos comer en una mesita que pudimos
cazar, con nuestra bicicletas al lado y un bullicio tremendo alrededor.
Lo más complicado vino luego, cuando, tras la comida,
tuvimos que orientarnos sin gps para encontrar el hotel, que se encontraba
bastante apartado del centro. Aun así y valiéndonos del buen sentido de la
orientación de Julio, que había memorizado la zona del hotel, atravesamos,
montados en nuestras bicis, una zona de Viena congestionadísima de gente, hasta
alcanzar la larguísima calle,la
Landstrasser Haupstrasse, al final de la cual, estaba nuestro hotel, de hombre Grabriel.
| Terraza donde comimos. El palacio de Hofbug al fondo |
Llegamos al fin y encontramos una recompensa enorme
allí y fue,… ¡un ventilador en la habitación!. Era el primero y última del que
disfrutaríamos en este calurosísimo viaje por Austria, que parece no estar
preparada para estos calores.
Por la tarde salimos a pasear. Cogimos un metro que
había algo más abajo, en una calle a la vuelta de la esquina del hotel, y
pagamos religiosamente nuestros billetes, aunque apreciamos que debimos ser los
únicos, porque allí no vimos vigilancia y al no haber tornos de control para
picar los billetes, la mayor parte de la gente entraba sin más.
El caso es que volvimos a la plaza de San Estefan y
deambulamos por todas las zonas que ya
conocíamos. Y como, habíamos apreciado anteriormente, el ambiente era
muy diferente al que nos encontramos allá por el 2006 cuando estuvimos varios
días de Semana Santa visitando exclusivamente Viena.
![]() |
| Lo que tenemos detrás es Viena |
Si entonces parecía una tranquila ciudad, pausada y sin
demasiado bullicio (recordábamos como nos costaba cenar, porque todos los bares
y restaurantes cerraban a las siete o siete y pico),en esta ocasión era un
jaleo de gente constante. Masas de turistas se acumulaban en todos los rincones
haciendo casi imposible desde sentarse a tomar algo hasta hacer una simple
foto.
Especialmente nos chocó la gran cantidad de turismo de
los países árabes, fácilmente distinguible por las vestimentas de las mujeres,
muchas de las cuales llevaban el velo integral. Además apreciamos que este
turismo debe ser de gran poder adquisitivo porque entraban y salían
constantemente grupos de estas mujeres de las carísimas boutiques de la zona
centro.
Otro cambio apreciable fue la desaparición de algunas
de las tiendecitas y pastelerías de la zona peatonal que habían sido
sustituidas por franquicias de marcas más que caras.
Tras repasar toda la zona céntrica, cenamos nuestras
salchichas con radlers frente a la Ópera.
Riquísimas en su cutrerio como
siempre. Recordábamos las que habíamos tomado en nuestro anterior viaje, en
estos mismos puestos pero helados de frío, con gorros de lana y guantes.
El
frío de aquel viaje a Viena en abril de 2006 es uno de los más intensos que
recuerdo y en cambio en este otro viaje a través de Austria, pasamos tanto y
más calor que en España.
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| Comiendo salchichas en un puesto callejero de Viena |
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| Comiendo salchichas en un puesto callejero de Viena |




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