CUARTA ETAPA : Mauthausen - Grein

6 de agosto


Madrugamos y desayunamos en nuestra pensión.

Antes de salir aún paramos a escribir una postal en una placita que había tras nuestro hotel.
Temprano comenzamos nuestra etapa de hoy. Junto al río, por el carril bici fuimos un buen rato. Seguíamos por la orilla norte.
Perfectos carriles bici, como es habitual aqui

Algún pueblo pequeño que otro nos íbamos encontrando mientas en la otra veíamos altas montañas llenas de  arbolado. En este tramo el río es ancho y majestuoso. El tráfico de barcos es constante, tanto mercantes como particulares. También vimos gran cantidad de barcos de pasajeros que hacían turismo por el río.

A mitad de trayecto nos desviamos voluntariamente de la ruta marcada porque queríamos ver una atracción consistente en un poblado celta de Mitterkirchen. Tuvimos que adentrarnos en una zona llena de campos de cereales y perder un buen rato de vista el río.

Reponiendo fuerzas junto a Labing
A pesar de desviarnos de la Donauerweg, los caminos seguían estando perfectamente acondicionados, incluso recuerdo que paramos, cosa que solíamos hacer alguna que otra vez todos los días para hidratarnos, bajo un árbol enorme bajo el que había una mesa de madera con bancos para que la usara quien quisiera. Estábamos al lado de un pequeñísima población, Labing, que atravesamos para tomar el camino que nos llevó hasta Mitterkirchen.


Tomamos allí unas naranjas y unos frutos secos.

Mitterkirchen parecía estar muy preparado para visitas de niños, con actividades y atracciones periódicas anunciadas, pero evidentemente en agosto sólo habíamos unos pocos particulares de visita. Poca gente, casi más trabajadores disfrazados de época.

Poblado celta de Mitterkirchen

Tras esta visita, volvimos al rio y seguimos hasta Grein. En aquel tramo, ya cerca de Grein, pudimos ver muchas zonas de obras que restauraban el carril bici. Hacía menos de un mes que habíamos visto preocupados por televisión que justo por aquella zona habían tenido los que llamaban “las peores inundaciones desde la Edad Media”. De hecho, en varios pueblos, habían señalado hasta donde había llegado el agua en esta ocasión y las señales eran muy, muy altas.

Sin embargo, los restos de desperfectos eran casi nulos. Debían haberse dado mucha prisa en restaurar todos los destrozos, porque el carril bici que recorrimos estaba en perfectas condiciones y sólo en este tramo pudimos ver restos de arbolado caído y destrozos que estaban aún reparando.
Llegando a Grein

Llegamos a Grein sobre las dos y media. Un pueblo muy coqueto en la ribera del río, con el paseo junto al río mejor acondicionado de todos los pueblos que visitarmos.

Excepto la zona junto al río, el resto del pueblo se encontraba   construido en pronunciadas cuestas que llegaban hasta un castillo, que como todos los  que fuimos encontrando, era de uso particular y no visitable.

Comenzamos a subir para encontrar donde comer y alojarnos y llegamos hasta la típica plaza mayor de los pueblos de la zona, coqueta y alegre.
Stadplatz de Grein

Pensábamos quedarnos a dormir y tuvimos la feliz idea de preguntar por alojamientos en la oficina de turismo que estaba abierta, con lo cual descubrimos un servicio que ofrecen las oficinas de este país y que no conocíamos, y es que no sólo te ofrecen información de alojamiento, sino que si  quieres te lo gestionan ellos, salvando por tanto la barrera del idioma.
Gasthof Goldene Krone

En esta oficina me ofrecieron hacerlo y yo encantada. Me hablaron de una pensión en la parte alta del pueblo por 50€ con desayuno y al decir que si, ellos mismo llamaron para reservar.
Fuimos para allá y cogimos nuestra habitación. La pensión, de nombre Faltinger, estaba muy bien. Nuestra habitación era amplia y con varias ventanas a una enorme terraza.
 Gasthaus Faltinger en la Kaiser-Friedrich-Straße, donde nos alojamos en Grein
Tras ducharnos dejar las bicis guardadas allí, bajamos a intentar comer. Tuvimos un intento frustrado cuando en un restaurante nos dijeron que a partir de las dos no servían comidas, pero cuando pensábamos que tendríamos que comer de las reservas de nuestras mochilas, encontramos un restaurante en la Hauptstrasse, concretamente el Gasthof Goldene Krone, donde nos tomamos unas estupendas ensaladas con "pute" (pavo).

Tras comer pensamos comprar de nuevo cosicas en un supermercado para la cena. Encontramos uno en la misma calle algo más arriba y nos abastecimos.

Con nuestra compra volvimos a nuestra pensión. La habitación era amplia y cómoda, con un estupendo cuarto de baño y, dado que el día era caluroso y soleado, nos dedicamos a lavar la ropa sucia y tenderla en nuestras ventanas, ya que teníamos tres y daban a una terraza.

Descansamos un rato y cuando bajó algo el calor, salimos a ver el pueblo. No era muy grande, pero si coqueto y especialmente agradable fue subir hasta el castillo Greinburg que, aunque parece ser que es visitable, nosotros no teníamos idea de entrar, así que aprovechamos la tarde sentándonos en una banco al pìe del castillo con una vista espectacular del Danubio y del pueblo. Allí corría fresquito y nos quedamos un buen rato viendo atardecer.

Nos gustó tanto que estuvimos allí mucho rato, hasta que oscureció y bajamos al pueblo a pasear por el  paseo construido junto al Danubio. En esta ocasión y para variar, nos alegramos de ver que había mucha gente por allí paseando. Gran parte de ellos parecían como nosotros, turistas. El ambiente era animado y los restaurantes y heladerías estaba muy concurridos. Incluso recuerdo que vimos un cine con películas del país. Era un cambio agradable ver animación tras los dos pueblos casi desiertos en los que habíamos pasado las tardes anteriores.
 
Vista de Grein desde el Greinburg Schloss

Dudamos si cenar por allí, pero es que nos habíamos gastado una pasta en comprar en el supermercado y eran cosas perecederas, así que emprendimos al poco la retirada a nuestra pensión para cenar.

Ésta contaba con una enorme terraza a la que teníamos acceso, llena de sillas, mesas y tumbonas. Decidimos sacar nuestra cena allí y cenamos tan ricamente al aire libre, sentados a una de estas mesas.
Majestuoso Danubio desde el paseo de Grein

La noche era muy agradable y ya no hacía calor, claro que estábamos altos. Nada hacía prever el tormentón que se iba a desencadenar de madrugada.

Serían las dos de la mañana cuando nos despertó una tormenta como nunca habíamos visto. Duró quizá media hora pero fue muy fuerte. Truenos, relámpagos, lluvia torrencial y viento fortísimo que hacía correr las hamacas y demás de un lado a otro de la terraza formando un estruendo terrible. Tan bruscamente como comenzó, paró y volvió a quedar una noche tranquila.

A la mañana siguiente volvió a amanecer un día espléndido. Soleado y muy caluroso

No hay comentarios:

Publicar un comentario