Dia 4 de agosto
A las siete en pie y a desayunar.
La sala del desayuno era amplia y luminosa y el desayuno bueno, incluido en el precio de la habitación como el resto de los hoteles o pensiones del resto del recorrido.
| Embarcadero del Freizeitlange Schlögen |
Tempranito salimos por la margen sur del río, en la que nos íbamos a mantener toda la etapa. Empezamos por un estupendo carril bici entre el río y la montaña , a la sombra de los árboles, con frescos que venía muy bien porque el día volvía a ser muy caluroso ya tan temprano.
| Inzell |
En la orilla opuesta veíamos granjas sueltas cada poco
y muchos patos por allí nadando, supongo que procedían de las granjas. Patos de
todos los tamaños. Especial ilusión nos hacía ver madres patas con sus patitos
nadando detrás.
| familia de patos |
Llegamos al final de este camino lleno de sombra y frescos a un camping y pensión, donde paramos a tomar un café (Gasthaus Kaiserhof)
| Gasthaus Kaiserhof |
| Asbach |
| Asbach |
A partir de aquí seguimos otro buen trecho en el que el carril bici se encontraba entre filas de altos árboles que, para nuestra desgracia no proyectaban sombra a esas horas de calor asfixiante.
| Carril bici camino de Ottensheim |
Sobre las dos de la tarde, llegamos Almdorf, donde encontramos uno de los pasos de balsa típicos del Danubio. Unos transbordadores muy básicos y prácticos que tuvimos que utilizar en varias ocasiones.Cruzamos a la orilla norte y allí estaba Ottensheim.
| Cruzando a Ottensheim en transbordador |
El aspecto del pueble frente al río era coqueto y,
tras subir una pronunciada cuesta llegamos a una placita con varias cafeterías
y restaurantes.Decidimos comer en uno de ellos que ya estaba lleno de
ciclistas, una pizzeria llamada "Verde Albero".Tras comer tomamos un decisión equivocada que nos haría
pasar una aburrida tarde de domingo en este pueblo vacío.
| Markt Platz de Ottensheim |
Fue mi culpa porque, aunque Linz estaba cerca, pensé que, como ya habíamos estado cuatro o cinco años antes en esta ciudad, era preferible elegir para quedarnos un pueblo distinto y conocer otros sitios.
Error, porque mientras Linz es una bonita ciudad,
grande y bulliciosa, Ottensheim resultó ser un pueblo pequeño y aburrido.
Tras la comida encontramos habitación en “Die Schwarze
Adler”, una pensión que daba a la plaza principal.
La habitación estaba bastante bien y, como todas,
incluía desayuno.
Tras descansar y dormir algo de siesta, salimos a ver el pueblo, pero enseguida nos dimos cuenta que había muy poco que ver, la plaza que ya conocíamos con algunas cafeterías abiertas y un paseo en la ribera del río. Para entonces el tiempo estaba nublado y había bajado el calor, así que decidimos caminar por el paseo del río, pero fue imposible porque al poco de comenzar empezaron a acosarnos nubes de agresivos mosquitos, así que tuvimos que alejarnos del río a toda prisa y volver al pueblo.
Lo recorrimos entero de un cuarto de hora, así que, tras sentarnos un rato a tomarnos un café en una heladería abierta, y volver a deambular sin rumbo, ya quedaba poco que hacer.Llegamos a sentarnos un rato en una sillas vacías de una cafetería cerrada, porque realmente no había nada que hacer en este pueblecito un domingo por la tarde.
| Intentamos pasear a la orilla del rio, pero los mosquitos lo hicieron imposible |
Llegado el momento decidimos cenar y por allí sólo había abierto el hotel donde nos hospedábamos que tenía una terraza con gente cenando y una pizzería en una callecita frente a la plaza. Optamos por el hotel y fue otro error, porque, a pesar de que eran antes de las nueve y en el cartel del bar decía claramente que se servían cenas hasta las nueve, cuando nos sentamos ya notamos que a la camarera le cambiaba la cara. Esperamos un buen rato sin que nadie se acercara a preguntarnos nada, hasta que la chica que atendía no tuvo más remedio y nos dijo que no nos podían servir ninguna cena porque había mucha gente y el cocinero salía a las nueve de trabajar, con lo cual no le daba tiempo a hacernos cena alguna antes de salir.Nosotros argumentamos que en el cartel decía que se servían cenas hasta las nueve, pero ella volvió a repetir que el camarero terminaba su jornada a las nueve y que ese día había ido mucha gente, vamos que no le daba tiempo a hacernos la cena antes de salir.
Enfadados nos fuimos de allí, pero evidentemente no podíamos hacer otra cosa ya que se negaban a hacernos la cena. La única opción que nos quedaba en todo el pueblo era la pizzería, así que para allá fuimos a tomarnos unas ensaladas.Al final cenamos bien y sin más nos recogimos, que poco más quedaba por hacer allí.
No había sido una buena idea parar toda una tarde en este pueblecito.
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