NOVENA ETAPA : Viena - Klosterneuburg - Viena



 11 de agosto


Angustia vital me daba pensar en volver a atravesar todo el centro de Viena con la bici para volver sobre nuestros pasos hacia Klosterneuburg a devolver las bicicletas, pero menos mal que no hubo que hacerlo.

Julio, con su habilidad gepesera buscó otra forma de salir de la ciudad y lo hicimos a través del Prater. Salimos de nuestro Hotel y bajamos por la calle Schlachthausgasse.Al poco nos adentramos en el Prater y disfrutamos un rato de atravesar este magnífico parque pedalenando. Pasamos junto al Estadio Ernst Happel, donde España se había proclamado Campeona de Europa y seguimos camino del río.
Nuestro hotel de Viena, el Gabriel

Llegamos al Danubio y seguimos paralelos a él durante todo el tiempo, hasta Klosteneuburg.

Nos hizo mucha ilusión pasar por la zona portuaria que habíamos visitado en nuestro viaje anterior. Esta vez estaba llena de turistas, barcos de recreo particulares y cruceros fluviales. Todo muy animado en nuestro camino hacia Klosterneuburg.

Y llegamos al mismo punto donde el día anterior nos desviamos para cruzar y visitar la ciudad del flautista. No lo sabíamos aún, pero estábamos al lado del hotel donde teníamos que dejar las bicis.

Esta vez cruzamos hacia la estación del ferrocarril y, tras bajar de ésta, encontramos una coqueta placita con hoteles.Uno de ellos, el Hotel Anker, era el que buscábamos.
Camino de Klosteneuburg para devolver las bicis, a la altura de Döbling

Dejamos con pena nuestras queridas bicis que habían sido unas excelentes compañeras. Nos dio tanta lástima verlas allí, como abandonadas cuando las dejamos en el garaje de la parte trasera del hotel. Parecía que abandonábamos a unas amigas.Nos pareció raro seguir andando. Llevábamos tantos días pendientes de las bicis. Pero ahí se tuvieron que quedar mientras nosotros nos dedicamos a visitar el pueblo.
Convento Klosteneuburg

Éste como tal, tenía poco que ver. Pero había un gigantesco palacio, al que no entramos, pero del que si visitamos toda la zona de jardines de alrededor.
Convento Klosteneuburg
Tras esto nos tomamos un cafelito en una cafetería del centro del pueblo, con pinta de lugar de encuentro para vegetarianos y ya nos encaminamos a la estación del tren, donde cogimos el primero que salió hacia Viena.

Una vez de vuelta en la ciudad, optamos por hacer algo extraño con respecto a la comida y fue meternos en un restaurante japonés. Si, en Viena en un japonés para recordar otro de nuestros geniales viajes.
Hotel Anker, donde dejamos las bicis

Comimos en un centro comercial que hay en la misma calle de nuestro hotel, donde también se encuentra la estación del metro y volvimos andando tranquilamente el largo trecho de calle que nos quedaba para descansar un rato en el hotel.

Por la tarde volvimos a salir y en esta ocasión optamos por coger un tranvía que tenía parada algo más arriba del hotel. Con él bajamos al centro y seguimos recordando Viena.
Puesto callejero. Nuestra última noche de viaje.
Con esto acabó nuestro viaje, ya que el día siguiente era de vuelta sin más.

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