SEXTA ETAPA : Melk - Krems



 8 de agosto


Cansados de haber dormido mal, nos levantamos y bajamos  a desayunar.


Salimos temprano y seguimos por la orilla sur un buen rato, aunque buscábamos como cruzar, ya que en la guía que llevábamos constaba que debíamos cruzar a la orilla norte para poder ver la famosa Venus de Willendorf, que se encontraba en el pueblo del mismo nombre.
Llegando a Spitz



Creo que nos equivocamos en algún punto y no vimos un puente que nos habría llevado a la otra orilla, así que seguimos avanzando por la sur, sabiendo que habíamos superado Willendorf.
Spitz



Por fin llegamos a un transbordador a la altura de Spitz. Cruzamos y nos encontramos con un pueblecito pequeño y muy coqueto. Encontramos allí un supermercado y nos compramos unas bebidas frescas. Nos las tomamos en la misma puerta y luego retrocedimos por esta orilla unos pocos kilómetros hasta Willendorf.


Este pueblo apenas tenía cuatro o cinco calles de casitas bajas, pero en una de ellas, con una pronunciada cuesta encontramos el museo de la Venus.

 
Willendorf
Eran poco más de las doce y nos encontramos que precisamente a esa hora cerraba el museo y volvía a abrir a las dos. Así que estábamos en un pueblecito diminuto y sin nada que hacer. Pensamos en comer, pero era muy temprano.


Subimos a un jardín muy coqueto desde el que se veía el río y que tenía el atractivo de tener una reproducción enorme de la Venus. Nos hicimos fotos y tal, pero al terminar seguimos con el mismo problema, no teníamos nada que hacer hasta las dos y era muy temprano para comer.
Reproducción de la Venus


Menos mal que Julio encontró información en la guía de que por allí había zona de playa.Bajamos al río a buscarla y ¡bingo!, una playita recogida y coqueta, donde sólo había una pareja mayor. Nos cambiamos como pudimos escondidos detrás de una caseta y bajamos a la playa. Allí pasamos un par de horas relajados y estupendamente. Incluso nos bañamos en el río. Fue un rato fantástico.


Poco antes de las dos, nos vestimos, recogimos las bicis y subimos al pueblo.Visitamos el museo y vimos a la Venus, que, entonces me enteré que era diminuta, apenas 14cm. Ya culturizados tras visitar el museo, volvimos sobre nuestros pasos hacia Spliz.
La Venus de Willendorf


Allí paramos a comer, en un restaurante con una terraza muy agradable. Comimos allí fuera tan a gusto. Al terminar emprendimos la marcha hacia Krems.

 
Playa en Willendorf
El paisaje que atravesamos era muy diferente al que habíamos visto hasta entonces. Estaba compuesto de pueblos encantadores rodeados de viñedos.
Atravesamos incluso una ciudad preciosa, Dürnstein, con unas cuestas impresionantes.
Dürnstein
Dürnstein

Parecía una ciudad de veraneo algo lujoso. Apenas pudimos verla al paso porque teníamos que llegar a Krems  y buscar alojamiento y para entonces era más tarde de lo habitual. Fue una pena, porque la ciudad al paso nos resultó una maravilla.
Dürnstein
El paisaje hasta Stein fue un continuo campo de viñedos.


A partir de Spliz todo el tiempo seguimos por la orilla Norte, donde se encontraba también Krems. Llegamos sobre las seis de la tarde y tuvimos que atravesar Stein, un pueblo pegado al de Krems, de hecho para nosotros los límites entre uno y otro resultaron indistinguibles.
Stein


Nos plantamos en una plaza increíble de Krems, la típica vamos, la de la entrada a la ciudad antigua con una puerta preciosa flanqueada por dos torres maravillosas.Al lado de esta puerta encontramos la oficina de turismo, pero estaba ya cerrada. En la puerta había información e incluso un teléfono para llamar a las diferentes gasthaus de la ciudad, pero, tras intentarlo, no logramos aclararnos con esto, así que decidimos buscar alojamiento sin ayuda.


Nos llevamos unas direcciones y volvimos a Stein. Allí preguntamos en un par de sitios y pronto conseguimos una habitación, no barata, pero preferimos cogerla porque era ya tarde, estábamos cansados y sin mucha gana de seguir buscando. La habitación estaba bien, amplia y con unos curiosos muebles antiguos que nos recordaban la decoración de una casa de hace veinte años. Pero todo cómodo.

Krems


Salimos a andar un rato y tuvimos la mala idea de irnos por la orilla del río. El carril bici/peatonal nos llevó al quinto pino y al final aparecimos en algún lado de Krems, no sabíamos muy bien donde, pero aquello no era ni céntrico ni bonito. Era un simple barrio.


Menos mal  que encontramos un plano y como todos estos pueblos no son demasiado grandes, no tardamos en dar con las calles céntricas, que, para variar, tenían todo cerrado. Dimos unas vueltas y ya nos sentamos a cenar en una gasthaus con un coqueto patio interior.
Krems


Estuvimos bien allí (por cierto que en la mesa de al lado había una familia italiana y la madre llevaba la misma camiseta que yo, del Decathlon, como no).


Volvimos andando a nuestro hotel y poco más se puede contar, como no sea que, afortunadamente en este pueblo parece que los mosquitos eran menos agresivos y pudimos dormir algo más frescos con la ventana un poco abierta.

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