QUINTA ETAPA : Grein - Melk

7 de agosto


Desayunamos en la Gasthaus y salimos temprano. Tuvimos que retroceder un poco por el carril bici que nos había servido el día anterior para entrar a Grein.
Saliendo de Grein
Al poco tomamos un puente, atravesamos por él el Danubio y de este modo alcanzamos la orilla sur del río, por la que iba a transcurrir  casi toda nuestra etapa de este día hasta Melk.

Llegando a Petersburg


Y digo casi toda porque a mitad de la mañana llegamos a un pueblo, Petersburg, con un precioso Schloss. Dicho pueblo se encontraba en la orilla norte, así que decidimos cruzar un largo puente para acercarnos a verlo.
Llegando a Petersburg

Llegamos y salimos del pueblo, ya que en castillo no era visible y el pueblo tras dar alguna vuelta por allí, no parecía ofrecer otra atracción.

Sin embargo, a la vuelta, y dado que tuvimos que volver a cruzar el largo puente para volver a la orilla sur, vimos el interesante espectáculo del paso de barcos a través de un sistema de esclusas, supusimos que para superar algún desnivel del río.

Estuvimos allí, apoyados en la barandilla un buen rato, viendo como los barcos llegaban, esperaban que su esclusa alcanzara el nivel suficiente y pasaban.
Esclusas en Petersburg



Al volver a la orilla sur, nos encontramos con un chiringuito, “Andy’s Drive Inn” y decidimos parar a tomarnos un refresco, ya que el día volvía a ser muy soleado y caluroso.

Estuvimos allí un rato tomándonos unas “gross coca colas” que nos costaron la módica cantidad de 7,70€. Recuerdo que la camarera nos dijo el precio en alemán  y, al ver la cara que se nos ponía, nos lo repitió en inglés pensando que no lo habíamos entendido, pero no era así, los dos entendimos perfectamente el precio, es que no nos lo podíamos creer.

Seguimos por la orilla sur hasta que paramos a comer en el  Gasthaus Schiffmeister muy coqueto, con un enorme jardín, en el pueblo de Krummnumssbaum.
Wiener Schnitzel y Radler para comer este día
Ensalada para un día calurosísimo
Estaba lleno de familias y ciclistas. Tomamos unas ensaladas y decidimos descansar a la sombra un rato, ya que hacía mucho calor y aún nos quedaban10 km  para  Melk.

Allí mismo no pudimos hacerlo porque coincidimos con un grupo de ciclistas italianos, chicos y chicas muy jóvenes, que se tumbaron allí en la hierba.

Seguimos un ratito buscando donde descansar hasta que llegamos a un pueblo muy coqueto, Pöchlarn,  lleno de fuentes de agua fresca, donde pudimos llenar las botellas y descansar en el paseo que encontramos a las orilla del río.
Nos tumbamos en la hierba, y allí dormimos la siesta estupendamente.
Reparadora siesta


Reparadora siesta

Pöchlarn
Tras este descanso, seguimos atravesando el pueblo, lleno de referencias a Los Nibelungos. 

Seguimos hasta Melk donde llegamos con tiempo de pedir ayuda en la oficina de turismo para encontrar habitación. Este pueblo está cerca del río, pero no pegado, es decir, hay que atravesar un buen tramo hacia el interior para llegar hasta el pueblo desde el río. Una vez en Melk no hay señal alguna del Danubio.
Pöchlarn
Nos reservaron una habitación preciosa en el Café zum Fürsten, en la Rathausplatz de Melk. La plaza era de cuento, adornada, con restaurantes, alguna tienda de recuerdos... Si, todo muy bonito, pero pasamos allí la peor noche de todo el recorrido a causa del horroroso calor. No logramos casi ni conciliar el sueño… pero eso luego, cuando cuente el resto de cosas que hicimos en Melk.
Nuestra Gasthaus de Melk

Encontramos enseguida nuestra Gasthaus, ya que el pueblo, en su zona antigua era pequeñísimo y tras la lógica ducha, salimos a dar un paseo.

El pueblo, como he dicho, era muy pequeño en su zona antigua y lo visitamos en cinco minutos, así que subimos a las fantástica abadía (visitable hasta las cinco o seis de la tarde, no recuerdo). Pudimos desde las balconadas con jardines que la rodeaban ver el fantástico paisaje, pero lo que no pudimos hacer fue entrar porque ya habían cerrado.

Tras pasear un rato, decidimos cenar  y cuando nos volvimos a dirigir al centro del pueblo, resultó que los restaurantes habían cerrado y sólo quedaba abierta alguna heladería.

Recordamos entonces que había un camping junto al río con un restaurante. Tuvimos que salir del pueblo y caminar por un camino asfaltado a través de un bosque entre el río y el pueblo para llegar de nuevo a la orilla del río.
Melk desde los jardines de la Abadía
Recuerdo que estaba toda la zona muy animada, ya que habían puesto una carpa para un espectáculo de canciones de los 80. Según íbamos hacia el río una gran cantidad de gente arreglada, de una edad no muy joven, iba acudiendo hacia la carpa.

Llegamos al camping y pudimos cenar estupendamente a la orilla del Danubio, sentados a unas mesas de madera. Nos tomamos nuestras ensaladas y nuestras radlers. El ambiente era muy agradable allí mientras anochecía. Todo idílico hasta que empezaron a llegar los súper mosquitos. Los primeros los fuimos espantando, pero al final tuvimos que irnos porque nos comían.
En la puerta de la Abadía
Volvimos hacia Melk y al pasar al lado de la carpa, sonaban canciones de ABBA coreadas por el público.
Intentamos dar alguna vuelta más por el pueblo, pero a esa hora no quedaba un alma, así que nos subimos a nuestra habitación.

Y ya lo comentaba antes, la noche que nos esperaba era espantosa de calor.
Cenando en Melk
No pudimos abrir las ventanas porque no tenían mosquitera y los mosquitos se nos colaban dentro. Así que con una temperatura altísima, las ventanas cerradas, las sábanas incomprensiblemente de franela y edredones a los pies, era imposible dormir. Fue la peor noche de todo el viaje.

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