DIA 3 DE AGOSTO
Madrugamos porque teníamos que recoger las bicis tan temprano como fuera posible.
La tienda abría a las nueve, así que nos levantamos temprano y salimos a buscar donde desayunar, cosa que hicimos en la misma estación, (Passau Haupbahnhof) donde el tren nos había dejado la noche anterior y que ciertamente estaba a la vuelta de la esquina.
| En Passau, camino de la tienda de bicis |
Seguimos a partir de ahí deambulando por Passau, que resultó ser una ciudad muy bonita, llena de edificios con enormes portalones, calles enlosadas con coquetas tiendas y, para nuestra enorme sorpresa, con una enorme actividad a pesar de que eran entre las ocho y las nueve de la mañana.
| Passau |
| Passau |
A las nueve abría nuestra tienda (Fahrrad-Klinik) y dimos vueltas por la calle Bräugasse sin encontrarla, aunque luego resultó que habíamos pasado varias veces por delante de ella, lo que ocurría es que estaba cerrada las primeras veces que pasamos por allí y no había señal ni cartel que la anunciara. Cuando ya desesperábamos de encontrarla vimos que de un bajo comenzaban a sacar bicis a la calle y para allá nos fuimos. Efectivamente allí era y allí nos dieron nuestras bicis. Ya con ellas volvimos al hotel a lo largo del carril bici que discurría al lado del Danubio. Montamos las alforjas y…. comenzamos nuestra ruta. Pero aún paramos en otra ocasión antes de salir de Passau, en una cafetería frente al río para volver a tomar algo.
| Puente sobre el Danubioa la salida de Passau |
Y ya emprendimos camino. Cruzamos un puente y comenzamos a salir de la ciudad. Tomamos el carril bici del lado norte del Danubio y en él nos mantuvimos toda esta etapa.
En cuanto salimos de Passau empezamos a encontrar ciclistas que hacían nuestro mismo recorrido. Ciclistas de todas las edades. Abundaban, seguramente por la facilidad del recorrido, parejas mayores, familias completas con niños pedaleando unos y otros trasportados por sus padres, grupos enormes de jubilados con aspecto de centroeuropeos que parecían sólo hacer tramos concretos ya que los vimos a veces subir a autobuses, en general, un ambiente concurrido y agradable de deportistas, si no de élite, por lo menos esforzados… Nos fuimos encontrando pueblecitos pequeños (Erlau, Obernzell, Jochenstein, Kramesau, hasta llegar a Niederranna, donde paramos a comer.
A media mañana, paramos en un camping bastante concurrido, Kohlbach-mühle, donde paramos a tomar unos refrescos y aprovechamos para descansar viendo a un grupo de chicos aprendiendo a hacer ski acuático, con bastante poco éxito, por cierto. En esta etapa, en algún momento, cruzamos de Alemania a Austria, pero no sabemos donde. Íbamos pendientes para hacernos la foto, pero no hubo manera.
A pesar de ir en bici y despacito, no vimos el menos indicativo del cambio de país. No debe haber nada señalizado. Hubo un momento en que pensamos que veíamos lo que parecía ser una edificación oficial y creímos que estábamos en lo que habría sido una frontera, pero luego resultó ser una central hidroeléctrica.
| Entre Passau y Schloegen |
A media mañana, paramos en un camping bastante concurrido, Kohlbach-mühle, donde paramos a tomar unos refrescos y aprovechamos para descansar viendo a un grupo de chicos aprendiendo a hacer ski acuático, con bastante poco éxito, por cierto. En esta etapa, en algún momento, cruzamos de Alemania a Austria, pero no sabemos donde. Íbamos pendientes para hacernos la foto, pero no hubo manera.
| Camping Kohlbach-mühle |
| Kramessau |
Nada, seguimos por encantadores paisajes junto al Danubio, que en esta etapa no era demasiado ancho hasta que, decidimos parar en Niederranna, para comer. Escogimos un agradable chiringuito, el Hildes Radlertreff.
El calor era asfixiante y nos sentamos en un chiringuito donde se podía estar a la sombra.
Comimos bien y tomamos por primera vez algo que se iba a constituir en una nueva afición para nosotros a partir de ese viaje y durante algunos meses después, las Radler, riquísimas e irrpetibles, ya que las que luego fuimos comprando y probando en España no se parecían a las que íbamos probando por allí. Tras comer seguimos un ratito.
El calor era sofocante. Al poco vimos que era imposible seguir por esta orilla, ya que llegamos a un puertecillo donde unas barcas estaban pasando a todo el mundo al otro lado. Cuando llegó nuestro turno, nos subimos y cruzamos hasta Haibach ob der Donau, donde se encuentra el increíble menando de Schloegen.
No tengo palabras para contar la belleza del ensanchamiento del río mientras cruzábamos en la barca hacía la orilla sur donde se encontraba un complejo turístico. El paisaje del río rodeado de altas montañas totalmente verdes era impresionante.
Bajamos de la barca y entre el calor tan fuerte y el no saber cuando íbamos a encontrar otro lugar donde alojarnos, decidimos dar por terminada nuestra primera etapa y quedarnos a pasar la tarde allí. Todo el mundo que cruzaba en ese momento se iba quedando en el hotel Donauschlingen, de hecho, había tanta gente ya hospedada que no logramos encontrar habitación en él, así que fuimos hasta el camping, Freitzeitlange Schögen, que también contaba con un edificio con habitaciones y allí sí que no dieron habitación aunque algo cara, casi cien euros. Ya nos habíamos hecho a la idea de quedarnos y lo hicimos.
El calor era asfixiante y nos sentamos en un chiringuito donde se podía estar a la sombra.
Comimos bien y tomamos por primera vez algo que se iba a constituir en una nueva afición para nosotros a partir de ese viaje y durante algunos meses después, las Radler, riquísimas e irrpetibles, ya que las que luego fuimos comprando y probando en España no se parecían a las que íbamos probando por allí. Tras comer seguimos un ratito.
| Hildes Raddlertreff en Niederrana, donde comimos |
El calor era sofocante. Al poco vimos que era imposible seguir por esta orilla, ya que llegamos a un puertecillo donde unas barcas estaban pasando a todo el mundo al otro lado. Cuando llegó nuestro turno, nos subimos y cruzamos hasta Haibach ob der Donau, donde se encuentra el increíble menando de Schloegen.
| Cruzando hacia Schloegen |
| Camping Freizeitlange Schlögen, donde nos alojamos |
Bajamos de la barca y entre el calor tan fuerte y el no saber cuando íbamos a encontrar otro lugar donde alojarnos, decidimos dar por terminada nuestra primera etapa y quedarnos a pasar la tarde allí. Todo el mundo que cruzaba en ese momento se iba quedando en el hotel Donauschlingen, de hecho, había tanta gente ya hospedada que no logramos encontrar habitación en él, así que fuimos hasta el camping, Freitzeitlange Schögen, que también contaba con un edificio con habitaciones y allí sí que no dieron habitación aunque algo cara, casi cien euros. Ya nos habíamos hecho a la idea de quedarnos y lo hicimos.
Nuestra habitación era amplia, cómoda y con un balcón desde el que veíamos el meandro y parte del camping. Había mucha gente. Daba la sensación de estar todo lleno, hoteles, campings.. El tiempo era veraniego total, así que optamos por irnos a la piscina y allí pasamos un estupendo rato, sumergidos en el agua fresca y viendo los bosques que nos rodeaban. Más tarde y ya descansados, decidimos hacer una excursión que era imprescindible, subir el monte junto al hotel y ver desde allá arriba el fabuloso meandro.
Eso sí, las rampas de subida eran tremendas. Una tras otra sin ningún reposo y empinadísimas. Sólo casi arriba, en los últimos metros, un camino llano en zig-zag te lleva hasta el mirador. No hay palabras para explicar la belleza del paisaje, hay que verlo, tras subir y enfrentarse, no sólo a las rampas, sino a unas agresivas moscas que muerden y que no habíamos visto en ningún otro sitio. Bajamos cuando ya se iba poniendo el sol y decidimos comprarnos algo en el supermercado del camping para cenar, pero para nuestra sorpresa apenas tenía nada, así que nuestra única opción era cenar en el restaurante del hotel Donauschlinge.
Antes de entrar, dimos unas vueltas por los alrededores y nos encontramos con un espectáculo increíble, cientos de bicis aparcadas en los sótanos del hotel. Por cierto, que también nos encontramos con furgonetas de pueblos cercanos que venían a recoger a ciclistas para llevarlos a sus alojamientos.
Era algo que no conocíamos, porque seguramente nos habría salido más barato que nuestro hotel de esa noche. En cualquier caso, ya estábamos alojados y no había vuelta atrás. Fuimos a cenar y cenamos estupendamente, y no caro, un menú que incluía un buffet libre de ensaladas estupendo. Cenamos además en la terraza del hotel, junto al río. No se podía pedir más.
La temperatura era algo más soportable, teníamos el río a nuestros pies, nos rodeaban densos bosques, el anochecer… estupendo. Tras cenar, poco más había que hacer por allí, así que nos recogimos, que al día siguiente había que madrugar para desayunar y comenzar nuestra siguiente etapa.
Eso sí, las rampas de subida eran tremendas. Una tras otra sin ningún reposo y empinadísimas. Sólo casi arriba, en los últimos metros, un camino llano en zig-zag te lleva hasta el mirador. No hay palabras para explicar la belleza del paisaje, hay que verlo, tras subir y enfrentarse, no sólo a las rampas, sino a unas agresivas moscas que muerden y que no habíamos visto en ningún otro sitio. Bajamos cuando ya se iba poniendo el sol y decidimos comprarnos algo en el supermercado del camping para cenar, pero para nuestra sorpresa apenas tenía nada, así que nuestra única opción era cenar en el restaurante del hotel Donauschlinge.
Antes de entrar, dimos unas vueltas por los alrededores y nos encontramos con un espectáculo increíble, cientos de bicis aparcadas en los sótanos del hotel. Por cierto, que también nos encontramos con furgonetas de pueblos cercanos que venían a recoger a ciclistas para llevarlos a sus alojamientos.
| Algunas de las bicis aparcadas en el hotel |
| Embarcadero bajo el hotel |
No hay comentarios:
Publicar un comentario